Somos los penúltimos luchando contra los últimos

 

Somos personas que trabajamos para poder pagar el tiempo que no disfrutamos. ¿Tiene algún sentido? Algunos me dicen: madura, Ana, esto es la vida. Si esto es la vida, realmente no deseo madurar de ninguna manera o me bajo aquí ahora mismo. Ahora nos llaman “los trabajadores pobres”, ya no se estila lo de clase trabajadora o proletariado porque no llega a la gente, Marx ya está pasado de moda y sin embargo, más actualizado que nunca.

 

Ahora somos los penúltimos que nos peleamos con los últimos para sacar alguna miseria a final de mes. No es cuestión de ponerse pesimista, al menos aún nos quedan autopistas, no todo iba a ser malo. Autopistas y aeropuertos con aviones que no podemos coger con falta de tiempo, a no ser que sea para irse a trabajar fuera.

 

El trabajo dignifica. Esa frase la dijo alguien que no tenía que pagar demasiadas facturas y seguramente no sería una mujer que tuviera que hacerse cargo de los cuidados familiares y trabajo doméstico no remunerado.

 

Nuestros padres, muchos de ellos de clase media venida a menos, se dejaron el lomo para darnos lo mejor. Lo mejor para nosotros fue darnos unos estudios mientras algunos de nosotros trabajábamos para pagar nuestros vicios –viajar era ya entonces un vicio para los que no teníamos plata o éramos muchos hermanos-.

 

Ahora miro los ojos de mi padre, cansados, algo arrugados y creo que sufre aún más que yo. Lucharon para darnos lo mejor, porque lo mejor era tener un trabajo digno, derechos, una casa, familia y vacaciones. Él sabe que todo aquello quedó en buenas intenciones y muchas horas de hartazgo… él sabe que todo fue un sueño de Resines, él sabe que el capitalismo se lo llevó todo. Sus sueños y los nuestros. Ellos se dejaron el lomo por darnos dignidad y respeto, la pregunta es, ¿qué estamos haciendo nosotros?

 

Somos los penúltimos luchando contra los últimos, los inmigrantes del sueño americano a favor de muros que apartan a los que antes eran “de los suyos”; somos el individualismo que terminará con la sociedad y la justicia, mientras el 1% nos mira asombrado desde sus castillos de marfil. Fue más fácil de lo que pensamos, murmuran mientras saborean langosta.  Todavía podemos hacer algo, todavía podemos mirar a nuestros padres a sus ojos, agradecerles y devolverles luchando todo lo que hicieron por nosotros. Se lo debemos.

Somos los penúltimos luchando contra los últimos

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